El día que encontré un corazón en una botella de cristal

Flotaba en el mar una botella de cristal. La marea la trajo hacia la orilla y yo estiré mis brazos para sacarla. Dentro de ella había un corazón.

La destapé pensando cómo había hecho el corazón, con su tamaño, para entrar por un orificio tan pequeño. Recordé que es un músculo e imaginé que pudo haberse contraído lo suficiente para pasar.

—¿Qué podría contraerlo de esa manera?— pensé. Solo se me ocurrió el miedo.

Para liberar al corazón tendría que romper con cuidado la botella, así que caminé sobre la arena buscando una piedra. Estaba dispuesta a sacarlo de ahí, cuando de pronto el corazón empezó a latir.

—¡Está vivo!— me dije emocionada. ¿Pero cómo podía ser si aún no lo salvaba?

Mientras sacaba despacio al corazón de la botella, entendí que el miedo puede crear a nuestro alrededor una barrera, haciéndonos creer que dejaremos de sentir aquello que nos duele. Sin embargo, nos perderemos de sentir también todo lo que hace a nuestro corazón latir. Solo el amor puede volver a expandirnos para regresarnos a la vida.

En ese momento desperté del sueño para darme cuenta de que el que había sostenido entre las manos era mi propio corazón; y supe que el amor que se siente por uno mismo y por los demás, cuando más se necesita, salva.

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