La primera persona

La primera persona que me mostró el alma, completa y transparente, me dejó verla desde adentro sin hacer alarde de sus virtudes ni ocultar sus defectos. 

A pesar de tener tanto que enseñarme, con humildad se sentó junto a mí a aprender. Sin embargo, nadie me ha mostrado con mayor profundidad lo que significa amar.

Sus ojos son los primeros a través de los cuales me vi. Sus brazos me sostuvieron todas las veces que caí, y nunca han dejado de hacerlo. Antes que al mío, fue a su corazón al primero que sentí latir.

En mí viven todas sus dedicaciones, sus frutos más dulces, el agua con la que amorosa y paciente me regó; esa misma que sigue llenando de rocío mis nuevas hojas.

Es su amor el que florece a través de mí. 

Es la persona que, en silencio, sueña conmigo mis sueños; la que sabe con certeza de qué está hecho mi corazón y con solo mirarme me lo recuerda.

Es mi prueba fiel de que Dios existe; el acto de amor más grande que he recibido.

Gracias por tanto y por todo, mamá.

Te amo.

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4 comentarios en “La primera persona

  1. Ese amor solo puede expandir los corazones, al alba iluminan más allá de lo imaginable y continúan iluminando hasta en la noche más profunda.

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